espiritualidad

Corazón radiante


(Por Julio Andrés Pagano)

Se siente. Quienes, conscientemente, elegimos renacer, somos llamados a recorrer una nueva etapa evolutiva. Comienza un ciclo virtuoso, centrado en la unidad, en donde somos alentados a jugar de manera bien sentida, creativa, armónica y reluciente, vibrando hermanadamente en la frecuencia del amor. Juntos poseemos el mágico don de cristalizar un pujante presente, que ilumine y humanice. Encendamos la luz. Avivemos la mítica llama dorada del corazón radiante.

Así como la suma de gotas de consciencia enaltece la belleza del río de la existencia de manera exponencial, la luz de tu fuego interno, fusionada con la de todos los seres despiertos, crea una ardiente llama que alumbra la eternidad. La potencialidad de este evento fue visionada, en el reflejo de las estrellas, por sabios chamanes, quienes lo bautizaron “Corazón radiante”, ya que esa fue la palpitante forma que la Madre Tierra adoptó cuando sus hijos volvieron a religarse.

Cuentan que la Luna también fue testigo de tan hermosa y conmovedora visión, y que al sentir tanto, pero tanto, amor lloró lágrimas de plata. ¿Acaso esto es una simple historia? ¿Qué es lo que sucede en tu fuero interno al escuchar la narración? Este suceso aconteció en los planos sutiles, ahora es nuestro derecho divino plasmarlo en esta dimensión. Juntos reviviremos esa gloriosa gesta, de infinita luz y amor, que latirá por siempre en la memoria de todo el universo.

¿Cómo lo haremos? De manera simple, muy humana, impregnando nuestra vida cotidiana con amor. Lo haremos sintiendo. Alineándonos. Riendo. Celebrando. Floreciendo. Dándole color a nuestros pasos. Llenando de alegría las calles. Compartiendo. Volviéndonos más conscientes, libres y solidarios. Potenciando lo que vibre con nuestra esencia. Lo haremos sanando. Siendo paz. Lo haremos amando y respetando a la bella Madre Tierra, mientras danzamos en espiral.

La unión no sólo hace la fuerza, también abre el fulgurante camino hacia un destino de eterna grandeza. Por eso, con sus cálidos rayos, el Padre Sol bendice este esencial acto sagrado, en el que asumimos co-crear esta potente y armónica señal de cambio, que conscientemente guía hacia la manifestación de un nuevo mundo, sin fisuras, donde reina la Unidad. Vamos, dame tu mano. Sumemos nuestra luz interior. Acrecentemos, con amor, la pureza del corazón radiante.

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