Niños y Adultos cristal-indigos

Enseñar o aprender: ¿quién de quién?


Enseñar o aprender: ¿quién de quién?

Yhajaira Paz-Castillo

La única manera de entender a los humanos es hacerse uno para saber cómo sienten y piensan.

Pedro

La sola idea de que vamos a educar a un Índigo ya asusta porque podemos orientar, guiar, apoyar, promover situaciones de aprendizaje pero… ¿educar? La primera incógnita por resolver es qué entendemos por educar. Si por ello entendemos canalizar, señalar, marcar la forma de andar sus caminos y escogerlos nosotros mismos, decirles cómo pensar y en qué, ya empezamos mal.

Imagínese, por un momento, el llegar a ejercer un cargo y que le digan (y le obliguen) la manera de ejecutarlo, no le permitan intentar una manera diferente a pesar de que pueda ser más efectiva, sencilla y hasta divertida y la única explicación es ¡Porque yo lo digo! ¿Cómo se sentiría usted? No resulta muy difícil pensarlo porque la mayoría de nosotros fuimos educados así. Copiamos los modelos de aprendizaje y los aplicamos, a pesar de habernos resistido (interiormente) a muchos de ellos.

Al trabajar con familias, comenzando la terapia, se hace un mapa familiar y de una forma, casi mágica, se dibuja la historia de la misma y es seguro que a menos que los nuevos padres hayan decidido aprender a hacer las cosas de manera diferente el que aprende a golpes, enseña golpeando, así como el que creció en un espacio abierto abrirá el espacio para sus hijos. Por ello no está demás comenzar por una revisadita a nosotros mismos y volver a sentirnos como niños y preguntarnos ¿qué me hubiera gustado experimentar que no me permitieron? ¿Cuántas maneras diferentes hubiéramos podido encontrar de hacer las cosas? ¿Cuáles fueron esos sueños que dejamos por creer que eran sólo eso, sueños y que no encontraron eco en quien nos impulsara a intentar hacerlos realidad?

Mi hijo Índigo, como muchos de los que he encontrado en mi camino, no acepta un no como única respuesta y llega el conocido ¿por qué?, y cuántas veces caí en las respuestas ilógicas, no apoyadas en razones sino en creencias, malos hábitos y tantas otras excusas que damos a lo inexcusable: porque no, porque no se puede, porque es así. Mi gran suerte, como la de tantos padres de Índigo, fue que mi hijo no aceptara esas respuestas como válidas y decidiera probar por sí mismo. Cada vez que se proponía y propone algo no existe como única alternativa el error o fracaso, por el contrario impera el sí se puede, lo voy a conseguir.

Una vez me dijo que él no se sentaba a meditar el porqué Dios no le había concedido algo que él deseara sino se sentaba a pensar qué había dejado de hacer para no haber logrado lo que se había propuesto; de esta manera no culpa a Dios y dice que Dios ya le dio lo que le quería dar, sus estudios como forma de salir adelante y que ahora depende de él. Supongo que ayudaríamos más a Dios en su labor si asumiéramos esa posición.

Hace años, en mi consulta tenía a un niño de ocho años, de una condición económica poco favorable, tanto que los únicos libros a los que tenía acceso en su casa eran los de su grado escolar, que, por cierto, eran regalados, y cuando le aplicaba una prueba me hablaba de los instrumentos musicales que se usaban en una orquesta filarmónica o de los colores del plumaje del ave del paraíso o de leyes físicas que me explicaba en su léxico infantil y de una manera muy sencilla de entender. Cuando le preguntaba de dónde sacaba esa información, decía que de su cabecita.

Yo no había, como tantos otros mortales, escuchado acerca de los niños Índigo, pero el placer de aprender de él superaba mis preguntas y me entregaba con la mayor apertura a sus enseñanzas. Por supuesto, llegó a mí porque era un niño problema que no hacía las tareas como se las asignaban, porque preguntaba mucho en clase y molestaba a la maestra, porque siempre cuestionaba a la mamá y casi regañaba al papá que le contestaba con una cachetada. ¿Es ésto nuevo para alguno de nosotros? Lo dudo.

Este año empecé a trabajar en una escuela del Estado. Siempre había estado entre mi consulta y colegios privados y encontré todas las respuestas a los múltiples comentarios y ataques recibidos en talleres, charlas y programas de radio y televisión a los que había sido invitada, algo así como: esos son inventos para encarecer la educación, ese es el resultado de una mejor alimentación (sabemos que en esas condiciones económicas la buena alimentación no es la norma), eso es por la estimulación prenatal (en esos estratos sociales muchas veces lo que existe es el maltrato), eso es porque ven TV. por cable (no tienen ese servicio y lo que más ven son las telenovelas, que no son exactamente la mejor educación), ahora hay muchas revistas con temas científicos interesantes. Bueno, para mayor gratificación mía, es allí donde encontré respuestas en tantos Índigo.

Uno de los casos más hermosos es el de Pedrito, a quien siempre estaré agradecida. Un niño de nueve años quien por su forma de expresarse llamó mucho mi atención y un día mantuvimos la siguiente conversación:

Pedrito, ¿quién eres tú?

En mi vida anterior yo era energía pura, era un rayo de luz.

Y, ¿qué haces aquí?

La única manera de entender a los humanos es hacerse uno para saber cómo sienten y piensan.

¿A qué viniste?

A alertarles que catástrofes aún mayores que la del Estado Vargas van a ocurrir (a causa de un gran deslave casi desaparece el estado completo). Hay que cambiar.

¿Te gusta ver las estrellas?

A todos nos gusta ver de dónde venimos. Como mi habitación no tiene ventana, me conformo con ver el reflejo que se proyecta en un charquito que hago en el baño, pero yo sé que si cierro los ojos las veo dentro de mí y que aunque sea de día, ellas están allí.

¿Qué te gustaría hacer?

Mi misión no comienza hasta que tenga 19 años, mientras tanto sigo aquí en la escuela como todos los demás.

Después de una conversación así, Pedrito salía a jugar pelota con sus compañeros como cualquier niño de nueve años. La mamá de Pedrito me pidió que no le hiciera caso y que no le aprobara las cosas que decía, que ya le resultaba suficientemente difícil entenderlo y que no quería que hablara de esas cosas porque iban a pensar que estaba loco. Sin comentarios.

Como Pedrito he conocido muchos niños en la escuela, quizás no tan seguros y claros, pero saben de muchos temas que ni nos imaginamos, en especial de religión, más que muchos adultos, su fe y respeto, su amor y apoyo hacia sus compañeros causan mucha sorpresa. Un niño de seis años me dijo que la Virgen está llorando porque nos dedicamos a hacer muchas máquinas y nos olvidamos de su Hijo y si los padres, los que trabajamos en la escuela, en la consulta o donde nos desempeñemos, no cambiamos nuestros paradigmas y apoyamos a estos niños y les hacemos más fácil su llegada al planeta, les causamos muchos problemas, mucha confusión y, lo que es peor, mucho dolor.

No puedo negar la presencia de los que ya hemos afectado, tanto en los hogares como en las escuelas, quienes presentan conductas muy rebeldes y violentas y que muchos padres y docentes tratan de dominar desde la represión y la autoridad. Es como querer detener la erupción de un volcán colocándole una tapa, sólo lograremos que la erupción sea peor y que no sepamos por dónde va a estallar.

Resulta tan sencillo sentarse a hablar con ellos, una caricia en la cabeza, la espalda o el hombro, una sonrisa, una mirada, no de reproche sino de comprensión, pueden resultar mágicas y abrir las puertas a un mundo nuevo para nosotros y a una salida sana para esos sentimientos encontrados que pueden tener en un momento de mucha ira. Si nosotros vivimos situaciones de ese tipo, ¿por qué negamos la posibilidad de que el niño y el joven las viva? Hasta ahora no se le había prestado mucha atención al estrés y a la depresión infantil y no nos damos cuenta que en ellos pueden ser aún más fuertes porque deben responder a las diferentes expectativas de todos los que les rodean.

Las madres esperan que sus hijos sean modelitos de cortesía y educación y no pregunten ni se muevan más de lo que ellas consideren correcto. Los padres, por su parte, que no sean cobardes y que se defiendan en la escuela y en la calle pase lo que pase, como unos machitos. Las maestras que no se muevan ni hablen para que no estorben en clase. Las abuelas que sean tremendos y que hagan lo que nunca nos permitieron hacer. Los compañeros que sean como el líder del salón quiere o no los aceptan en el grupo. Y así podríamos tener una lista interminable de las expectativas que tienen los primos, los vecinos, los del club y ésto… ¡estresa a cualquiera!

Cambia el año, cambió el siglo y hasta el milenio y nosotros pretendemos seguir siendo iguales y educar como antes. ¡Imposible! Se trata de propiciar situaciones de aprendizaje, apoyar a nuestros niños y jóvenes acompañándolos en su descubrimiento del mundo y sus maravillas, no diciéndoles lo que deben descubrir.

Sé que cada uno tiene la creatividad y el interés en la mejor preparación y adaptación de nuestros niños y jóvenes a esta nueva era (y la nuestra a ellos); éstos han sido puntos que he puesto en práctica durante años, gracias a que los he compartido, he disfrutado de los resultados; por ésto, quisiera sugerirlos, y sería para mí un placer el que les sirva como referencia a sus múltiples posibilidades.

La llave maestra para la mejor relación de enseñanza-aprendizaje, o es mejor decir como el Dr. Natalio Domínguez, enseñanza-enseñanza, es el respeto y nunca será suficiente el repetirlo porque es la clave de oro. Si usted desea y espera respeto de sus alumnos, ofrézcalo primero usted, no lo defraudarán. Estimule a sus alumnos a establecer junto con usted las reglas de juego del aula, desde el comienzo, cuando son copartícipes de un plan de disciplina y trabajo, estarán más dispuestos a respetarlo. Establezca en común acuerdo cuáles serán las consecuencias de no respetarse las reglas de juego, de esa manera ya está estimulando a una toma de decisiones que será un gran aprendizaje para toda la vida.

Elijan un juez de paz entre todos, éste escuchará razones y situaciones del salón y se resolverán entre ellos mismos, cuando entre compañeros manejan los conflictos aprenden que hay maneras de llegar a acuerdos sin necesidad de la violencia. Dedique un tiempo diario a un período de círculo, que consistirá en comentar todos los días acerca de situaciones de la vida en familia, de la comunidad, del país, del día a día. Se sorprenderá de los temas que propongan sus alumnos y de los consejos que pueden darse entre ellos, por ejemplo, frente a la muerte de un familiar, el nacimiento de un hermanito, una mudanza… De esta manera pierden el temor a demostrar sentimientos y a opinar. Estipule un tiempo y respételo, si aún no han terminado el tema, sugiera continuar al siguiente día, esta actividad se disfruta tanto que si no se establece el límite no querrán terminarla.

Explique la razón de cada aprendizaje y busque con sus alumnos cuál es la relación del mismo con su vida diaria. Al encontrarle sentido real, lógica y aplicación será más fácil que lo acepten. Prepárese para dar explicaciones a las múltiples preguntas que surgirán en el aula, mas no tema, enséñeles que no siempre tenemos todas las respuestas pero que entre todos podemos encontrarlas y lo importante que resulta el investigar, aprender a preguntar a especialistas y así llegar adonde queremos para satisfacer las necesidades y la curiosidad.

Es recomendable que cada cierto tiempo les permita un momento libre dentro de las actividades en el aula. Todos nos cansamos de una rutina y nos cuesta mantener focalizada la atención. Una relajación activa con ejercicios divertidos que ayudan a desarrollar y multiplicar las conexiones entre los hemisferios derecho e izquierdo, son altamente efectivos para este propósito. Utilice músico-terapia (existe extensa información al respecto con todas las recomendaciones por materias y las demostraciones de su validez en el aula).

Manténgase coherente en lo que espera y ofrece y cuide que sus estados de ánimo no interfieran, pues solo logrará confundir a sus alumnos y, como consecuencia, perderá su respeto. Invite a los representantes de sus alumnos al aula para que conversen con ellos acerca de sus respectivos empleos. Una vez invité a una amiga Aeromoza y se motivó tanto con la idea, que se presentó uniformada, como si fuese a embarcar en el avión; para los niños fue una experiencia muy interesante. Otra vez el invitado fue un gerente de banco y el sorprendido fue él, pues luego de su charla acerca de sus funciones, le hicieron preguntas que nunca esperó de niños de nueve años y el feedback fue de gran madurez. Cabe destacar que todo ésto es absolutamente espontáneo.

La seguridad que adquieren al comunicarse con adultos profesionales e indagar detalles acerca de cada especialización, contribuirá a dilucidar su vocación profesional desde muy temprana edad. Recuerde focalizar su atención en las conductas positivas y reforzarlas cada vez que pueda. Cuando deba llamar la atención de alguno de sus alumnos, piense en cómo le hubiese gustado que hubieran hecho con usted, llámelo aparte y pregunte qué está sucediendo, no desde el juicio, sino desde el apoyo.

Enseñe a sus alumnos que se pueden expresar sentimientos sin sentirse vulnerables, diferentes alternativas para solucionar conflictos y estrategias de autoayuda. Recuerde que somos seres bio-psico-socio-espirituales y que cada área debe ser atendida. Por supuesto, se pueden adaptar, para los padres, muchas de las recomendaciones ofrecidas para los docentes y sumarlas a las que les presento a continuación.

Recuerde que es más importante la calidad que la cantidad, en lo que se refiere al tiempo de dedicación a nuestros hijos. Trate de que esa calidad sea maravillosa para todos. Los niños Índigo vienen con una alta comprensión de lo que es la democratización, defienden su derecho a voz y voto con mucho ahínco, por esta razón si no los incluye en los preparativos del fin de semana, en los cambios familiares, en las cosas importantes que los involucran a todos, pueden portarse un poco rebeldes y no aceptar la imposición.

Recuerde que pueden tener muy desarrollada su telepatía, si quiere que las cosas fluyan positivamente, evite el engaño, perdería el respeto de su Índigo, le crearía confusión y podría aislarse un poco. Escuche a su hijo, pregúntele, pero sin que se sienta perseguido. Muchas mamás sienten que lo hacen muy bien cuando al llegar a casa del colegio comienzan un interrogatorio, la consecuencia será que sólo se limiten a responder con monosílabos y cada vez cuenten menos. Escuche, sin juzgar, sin interrumpirles, sin acusarles antes de saber qué sucedió. Recuerde que todos los extremos son malos, no se trata de darles la razón en todo, sino de enseñarles que, a veces, existen otras posibilidades para resolver las situaciones y que toda toma de decisiones trae una consecuencia.

Cuando usted cometa un error (todos lo hacemos), aproveche la gran oportunidad para enseñarle que reconocerlo es señal del eterno aprendizaje y crecimiento y que se pueden dar disculpas y enmendar la situación sin que ésto sea señal de debilidad. Mantenga siempre la comunicación abierta. Sea coherente en lo que piensa, dice y hace, ésto le dará mucha seguridad a su Índigo. Si la encuentra llorando, por ejemplo, y le pregunta qué le pasa, no le responda que nada pues su imaginación volará, quién sabe hasta dónde y sólo logrará confundirlo.

Disfrute a su Índigo, deje que la educación fluya, cada día le traerá una nueva oportunidad de compartir sus aprendizajes. Esté sólo abierto a las múltiples posibilidades. Hágale saber su agradecimiento por tenerlo como hijo o hija, por haberlo escogido como padre o madre y por permitirle aprender de él y compartir este hermosos viaje por la vida.

Lo más importante en el compartir con el Índigo es siempre, pero siempre, ofrézcale alternativas para que él elija, dentro de límites normales. Por ejemplo, ante la eterna confrontación de la ropa cuando van a salir, nunca quieren la que usted elige y comienza la batalla que termina con tardanzas, llanto, gritos y quien sabe qué más; es mucho más sencillo escoger dos o tres posibilidades y dejarle elegir cuál quiere y mágicamente se acabará el problema, su Índigo saldrá sintiéndose respetado, se vestirá rápidamente y llegarán todos felices y a tiempo.

Recuerde que siempre su Índigo encontrará una manera diferente de hacer las cosas, permítaselo, de pronto le da ideas que a usted nunca se le hubieran ocurrido. Por favor, haga memoria de cómo se sentía usted cuando lo comparaban (desfavorablemente por lo general) y no caiga usted en el mismo error, cada ser es único y por ello merece el máximo respeto.

Es importante que tenga presente que las recomendaciones nunca sugerirán que usted no fije límites, el Índigo necesita saber hasta dónde puede llegar.

Para desarrollar su seguridad, las reglas del juego deben estar claras, las consecuencias también y los límites deben ser respetados. Las reprimendas serán tan necesarias como en cualquier otro niño, pero sin que sus emociones entren en juego, no es desde su rabia o confusión que debe reprender, es desde la comprensión del por qué se le reprime. El hacérselo saber es de suma importancia, como lo es el no esperar los momentos de crisis para hacer entender ciertas situaciones de la vida. Por supuesto que estas recomendaciones no se deben limitar al Índigo (aunque en este momento casi todos lo son). Respete a su hijo, fije los límites, oriéntelo, ayúdelo, apóyelo y, sobre todo, disfrútelo.

fab

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