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Una Gran Aventura: La Muerte X


(5) Hay una o dos cosas que quisiera dejar en claro y que ustedes a su vez deben aclararle al paciente:

1.      La curación no se garantiza. El paciente debe com­prender que continuar viviendo en el cuerpo físico no constituye la meta más elevada posible. Podría serlo si hubiera que prestar un servicio muy impor­tante, si debiera cumplir aún con ciertas obligaciones o si tuviera que aprender otras lecciones. La existen­cia corpórea no es, sin embargo, el bien más preciado. Liberarse de las limitaciones del cuerpo físico es verdaderamente beneficioso. El paciente debe apren­der a reconocer y aceptar la Ley del Karma.

2.      El temor es innecesario. Uno de los primeros objeti­vos del agente curador debería ser ayudar al paciente a obtener una visión feliz, sana y esperanzada, acerca de su futuro, no importa lo que el futuro le depare. (17-287)

(6) Por lo tanto el curador tiene el deber de ser eficaz y, de acuerdo con lo que él es, así será el efecto que pro­ducirá sobre el paciente. Cuando un curador trabaja magnéticamente e irradia la fuerza de su alma sobre el paciente, éste podrá lograr más fácilmente el fin deseado, lo cual puede ser la total curación o si no el estableci­miento de un estado mental que le permitirá seguir vi­viendo con su dolencia, sin verse obstaculizado por las limitaciones kármicas del cuerpo, o quizá pueda liberarse debidamente (con alegría y facilidad) del cuerpo y obtener la completa salud a través del portal de la muer­te. (17-15/6)

(7) Algunos sectarios y curadores generalmente adop­tan la posición de que es muy importante liberar al vehículo físico de enfermedades y arrebatarlo de las ma­nos de la muerte. Sin embargo, quizá sea preferible (y frecuentemente lo es) dejar que la enfermedad realice su trabajo y la muerte libere al alma del aprisionamien­to. Llega inevitablemente el momento, para todos los seres encarnados, en que el alma demanda liberarse del cuerpo y de la vida de la forma, y la naturaleza tiene sus propios y sabios métodos para hacerlo. Enferme­dad y muerte deben ser reconocidas como factores libe­radores, cuando se producen como resultado del exacto momento elegido por el alma. Los estudiantes deberán comprender que la forma física es un conglomerado de átomos erigidos en organismos y finalmente en un cuerpo coherente, el cual se mantiene unido por la vo­luntad del alma. Si lleváramos esa voluntad a su propio plano o (como se dice esotéricamente) “si dejáramos que el ojo del alma mire hacia otra dirección” inevitablemente sobrevendría la enfermedad y la muerte en el actual ciclo. Esto no constituye un error mental o el fracaso en reconocer la divinidad o que se haya sucum­bido al mal, en realidad es la resolución de la naturaleza forma, en sus partes componentes y esencia básica. La enfermedad es esencialmente un aspecto de la muerte. Es el proceso por el cual la naturaleza material y forma sustancial se preparan para separarse del alma. (17-90)

(tomado de: Una Gran Aventura: La Muerte

Por el Maestro Tibetano
Djwhal Khul

(Alice A. Bailey)

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